Llegas en junio, metes la llave y no pasa nada. O gira a medias y se queda. Es el aviso más repetido de principio de temporada en toda la costa de la comarca, y casi siempre tiene la misma explicación.
Una cerradura es un mecanismo de piezas móviles con tolerancias muy pequeñas. Cuando pasa meses sin moverse y además está expuesta a humedad, se combinan tres cosas: el lubricante original se seca, entra polvo y salitre en el bombín, y aparece una fina capa de óxido en los pitones.
El resultado es una cerradura que no está rota pero que no gira. Si en ese momento se fuerza la llave, se parte, y entonces sí hay avería de verdad.
A pocos cientos de metros del mar el aire lleva sal en suspensión que se deposita en cualquier superficie metálica expuesta. En una cerradura de puerta exterior eso significa corrosión acelerada, y en las de acabado más económico se nota en un par de temporadas.
Es la razón de que en primera línea las cerraduras duren bastante menos que en el interior, aunque sean el mismo modelo y de la misma marca.
Si la llave entra pero no gira, no insistas con fuerza. Aplica un lubricante específico para cerraduras, que suele ser a base de grafito o teflón, e intenta el giro con suavidad varias veces.
No uses aceite doméstico ni lubricantes multiuso en spray. Estos productos desplazan la humedad pero dejan un residuo pegajoso que atrapa el polvo y a medio plazo empeora bastante el problema. Es un error muy extendido.
Lubrica el cilindro antes de irte, no cuando vuelvas. Cinco minutos en septiembre ahorran el disgusto de junio. Deja además la puerta cerrada con llave y no solo de golpe, porque el resbalón permanentemente presionado también se agarrota.
Si la vivienda va a quedar vacía toda la temporada baja, es el momento de revisar si el cilindro está a la altura. Una casa cerrada nueve meses con un bombín de gama baja es una combinación que conocen bien quienes se dedican a entrar en ellas.
Si la cerradura lleva dos o tres temporadas costando cada vez más, no va a mejorar sola. El desgaste de los pitones es acumulativo e irreversible.
En viviendas de costa suele salir a cuenta pasar directamente a un cilindro con tratamiento anticorrosión, pensado para ambiente marino. Cuesta algo más y dura bastante más que reponer el estándar cada pocos años.
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